El camino acertado para llegar al encuentro consigo mismo empieza con el estudio serio y metódico del propio mundo psíquico, con el auto psicoanálisis realizado en forma sincera y repetida, y con la profundización en el conocimiento de las leyes psicológicas, así como constantes practicas de Yoga y Meditación.
Para localizar nuestro Yo debemos buscarlo en el mundo subjetivo, detrás de las multiformes y cambiantes modificaciones psíquicas, y deberemos, por ello, encaminarnos al interior y conocer, analizar y estudiar la constitución y composición de los varios “estratos” de nuestra psiquis, los cuales envuelven y ocultan la cara del verdadero Ser.
¿Por qué cuesta tanto mirar hacia adentro?
En sus comienzos, el estudio psicológico de sí mismo parece un tanto difícil y lleno de trampas para el entendimiento, porque por regla general, el hombre vive de manera superficial y con su atención volcada totalmente hacia lo externo, ignorando y desconociendo totalmente el campo interior y psíquico de su personalidad y carácter. Más, si llega a sentir verdaderamente el deseo de auto conocerse, poco a poco aprenderá a familiarizarse con su mundo interno, alcanzará el contacto con la parte más recóndita de sí mismo, y comenzará entonces a descubrir lo que es en realidad.
El deseo de conocerse a sí mismo es sumamente importante, dado que es aquello que da el impulso y la energía necesaria para realizar la obra.
El obstáculo más común y el primero que debemos superar es la exagerada extroversión que nos hace dirigir constantemente nuestra atención al mundo externo, y nos hace vivir siempre en relación con objetos materiales y volver la espalda a la vida subjetiva.
¿Soy introvertido o extrovertido?
Es importante anotar aquí algunas observaciones sobre dos movimientos que presiden el interés del ser humano. Son los llamados introversión y extroversión.
Introversión es dirigir la atención hacia el mundo subjetivo o interno.
A trueque, extroversión, es el acto de dirigir la atención y el interés psíquico hacia el mundo objetivo y externo.
Por lo general, los seres humanos somos de manera permanente introvertidos o bien, continuamente extrovertidos, ya sea por tendencias, por hábitos, genética, herencia, por temperamento etc.
El hombre desarrollado y consciente debería estar en condición de alternar rítmicamente estos movimientos psíquicos, ya que ambos son necesarios y útiles para alcanzar una sólida formación del carácter y un sano y equilibrado desarrollo de la personalidad.
Pero la verdad es que, por lo general, en el ser humano predomina uno u otro movimiento, ocasionando así dos tipos psicológicos enteramente distintos y contrarios; los extrovertidos y los introvertidos.
¿Qué decía Jung sobre estos dos caminos?
C.G.Jung dedicó en gran medida su atención e interés al estudio de ese comportamiento vital del hombre en su libro “Los Tipos Psicológicos”. Profundizando en su análisis, dice entre otras cosas, que la extroversión es como una fuerza centrífuga que impele al hombre hacia lo externo y lo hace considerar el mundo objetivo como un campo de atracción o un imán. La introversión, por su lado, la expone como una fuerza centrípeta por la cual el interés se aleja del mundo objetivo y se encamina hacia el mundo interno que llega a ser el centro de atracción, de observación y actividad.
De este modo, si somos permanentemente extrovertidos, encontraremos una dificultad mayor al hacer un autoanálisis, ya que deberemos superar el hábito tan arraigado durante muchos años, de dirigir siempre la atención al exterior, y con un gran esfuerzo de Voluntad debemos recogernos y dirigir nuestra atención al interior.
¿Se puede aprender a mirar hacia adentro?
Esto es perfectamente posible, si realmente tenemos la aspiración y sentimos la necesidad de conocernos a nosotros mismos y lograr descubrir nuestra verdadera naturaleza superior, poco a poco, paso a paso, aprenderemos a mirarnos hacia dentro.
La atención es como una lámpara que continuamente tenemos encendida y la usamos para observar todo aquello que está por fuera de nosotros mismos, más, si dirigimos esta lámpara al interior, todo nuestro mundo psíquico se verá iluminado y nuestra grandeza interna refulgirá ante nuestros ojos.
Todos los días deberíamos dedicar unos minutos al recogimiento y a la introversión auto analítica, y hacer una pausa, un alto en el camino, una suspensión voluntaria de nuestra actividad cotidiana externa, para dedicar ese lapso de tiempo a observar nuestro mundo interno. El no hacerlo, está generando, y genera una sensación constante de sentirnos incompletos, inmaduros e infelices.

¿Qué pasa si nunca nos detenemos a mirar hacia adentro?
Mucho daño se hace el hombre con esta continua fuga de sí mismo, y así se debate en la inconsciencia, sin caer en cuenta de múltiples desequilibrios psicológicos, y una actitud fatídica frente a la vida que desencadena consecuencias de tormento y dolor.
Por ejemplo, muy a menudo el hombre derroca su energía y potentísimas fuerzas psíquicas, de manera inútil y hasta nociva para sí mismo y para los demás. O también, por el contrario, reprime e inhibe la liberación de dichas energías, causándose daño y sufrimiento. También es un grave error conductual el “huir del dolor.”
Cuantas veces nosotros, bajo el golpe de la prueba dura de la vida, cuando es dolorosa, reaccionamos arrojándonos con febril ansiedad a la vida exterior, tratando de olvidar las penas con la disipación, la diversión o el exceso de actividad, sin tener en cuenta todo lo nociva que es esta evasión, pues el dolor no afrontado con serenidad, no sufrido con paciencia y en fin, no superado, permanece en nuestro subconsciente y con el paso del tiempo crece como un tumor maligno, oculto, causando malestares y disturbios gravísimos en nuestra personalidad.
Y cuando nos damos cuenta de nuestras flaquezas, y nos sentimos débiles moralmente, es porque hemos dado la espalda a nuestro mundo interno, y las portentosas energías que radican en él, permanecen sin usarlas.
Frecuentemente somos seres influenciables, sugestionables, carentes de autodominio y sin voluntad, siempre fluctuantes y cambiantes, debido a que no hemos consolidado un centro de gravedad en nuestra psiquis, ni hemos penetrado hasta el “centro” de nuestra Conciencia, tampoco hemos reordenado las líneas de fuerza de nuestra Mente ni hecho una síntesis de nuestra individualidad.
¿Por dónde empezamos hoy?
Ahora, lo que hay que hacer, es comenzar a estudiarnos a nosotros mismos, conociendo en primer lugar, la completa estructura de nuestra Mente, sus leyes y funcionamiento. Después, es preciso poner en práctica los distintos métodos de autoanálisis y de exploración del mundo interno.
Hagamos de este estudio algo fundamentalmente práctico. Comencemos desde ya a realizar ejercicios de autoanálisis. Vamos a interesarnos más seriamente por nuestro mundo psíquico con la mira expresa de abrir el camino que nos conducirá a nuestro verdadero Ser.
Texto basado en el libro ”POR LOS CAMINOS INTERNOS” de Yogacharya Jairo Meza
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Para llevar a tu práctica
¿Hacia dónde dirijo mi atención la mayoría del tiempo: hacia afuera o hacia adentro? Piensa en tu día de ayer. ¿Cuántos minutos reales le diste a mirar hacia adentro?
¿Qué estoy evitando sentir cuando me disipo en el ruido de afuera? No respondas rápido. Solo nómbralo, sin juzgarlo.
Si mi atención fuera una lámpara, ¿Qué encontraría hoy si la giro hacia mi propio centro? Una palabra basta. Escríbela donde la puedas ver.
¿Qué dolor no afrontado sigo cargando por evadirlo en lugar de atravesarlo? No hace falta resolverlo hoy. Solo reconocerlo ya es un paso.
¿Qué práctica elijo hoy para acercarme un poco más a mi verdadero Ser? Puede ser tan simple como una clase de yoga, cinco minutos de silencio o esta misma pregunta, sostenida un rato más.
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Si quieres sostener estas preguntas en compañía, te esperamos en nuestras clases de yoga.

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